¿Tienes un gran control emocional o pierdes los estribos con facilidad? ¿Quieres saber cómo desarrollar o mejorar tu autocontrol? El control emocional es una habilidad fundamental que todos deberíamos adquirir.

Es interesante cómo las personas que están conectadas con el mundo a través de Internet se dedican al estudio de tantas materias o disciplinas, dirigen una empresa o una institución gubernamental, administran bien sus finanzas, cursan maestrías y doctorados, pero un buen número de ellas no aprende a controlarse a sí mismas desde el punto de vista emocional. Las personas a las que popularmente llamamos «nerviosas» argumentan que recibieron una carga hereditaria de un padre o una madre que eran, o aún son, emocionalmente descontrolados.
No podemos culpar a la herencia genética, porque esta influye en los padres, y de padres a hijos, como mucho entre un 30 % y un 50 % en nuestro comportamiento. El resto es influencia de lo aprendido en la infancia, influencia de la epigenética, del entorno cultural y de la propia sensibilidad del individuo que toma decisiones. Esto significa que la genética no es una condena, sino una propensión. Si tu padre o tu madre, o ambos, eran nerviosos, impacientes, es posible que hayas heredado ese comportamiento de ellos, pero no por completo.
Las personas llamadas «normales» viven el día a día de su vida mental de forma automática y rara vez se dan cuenta de que las prácticas de la vida cotidiana implican emociones, ni de cómo lo hacen. Parecen vivir en el foco. Vivir en el foco es diferente a tener una atención fluctuante. La atención fluctuante es cuando piensas en detalles, piensas de manera más amplia. Vivir enfocado es bueno para realizar una tarea y alcanzar un objetivo, pero es malo en las relaciones, porque reduce la percepción de factores importantes para una buena conexión.
Te lo voy a explicar. Una persona sin control emocional que parece estar centrada solo en sí misma puede tener una creencia psicológica inconsciente de que sus familiares, su esposo, su esposa y sus hijos están en la vida para ella. De ahí que esa creencia pueda manifestarse, por ejemplo, cuando la persona se enoja mucho porque alguien no hace por ella algo que debería hacer por sí misma. Aunque sea una persona autónoma en lo que respecta al trabajo, puede ser dependiente en lo que respecta al cariño.
Por otro lado, la persona que practica la atención fluctuante en algunos momentos de la vida se centra en diversos factores que influyen en su comportamiento, es más consciente de su mundo interior y de lo que la otra persona puede estar sintiendo. Puede estar hablando con una persona molesta y, aun así, escuchar la conversación con respeto y pensar al mismo tiempo para sí misma: «Vaya, qué desagradable es esta persona, pero voy a ser paciente con ella ahora». Quien tiene facilidad para perder el control emocional solo reacciona con irritación ante una persona molesta, sin hacer esa reflexión paralela.

Quien es capaz de mirar al otro —que es una realidad exterior— y, al mismo tiempo, mirar dentro de sí mismo —que es una realidad interior—, y percibir ciertos sentimientos tanto en sí mismo como en el otro, puede tener un mejor control emocional y poseer lo que llamamos «inteligencia emocional». Esto no depende de la cultura, de la formación académica universitaria y mucho menos del poder económico. Depende de una sensibilidad hacia la vida que, en parte, es innata, con la que se nace, y en parte puede desarrollarse. Es posible aprender a ser una persona con equilibrio emocional, para no quedarse ni demasiado en lo racional ni demasiado en lo sentimental.
Para aprender a manejar tus emociones, es importante, por lo tanto, dejar de centrarte en ti mismo y adoptar una visión más amplia de ti, de la vida, de los demás y del entorno. Cuando una persona da un paso para estar dispuesta a salir de su zona de seguridad por vivir centrada en sí misma, puede que incluso pierda económicamente, pero ganará mucho en calidad de vida y autocontrol, porque aprenderá a estar más consciente de sus emociones, verá que los demás también tienen sentimientos, entenderá que la vida es más que tener a los demás ahí para ella, y que las personas no son sus ayudantes. El control emocional tiene que ver con aprender a tener esta perspectiva más amplia, aprender a lidiar con las frustraciones, desarrollar paciencia, ayudar a las personas sin esperar nada a cambio, tolerar los sentimientos desagradables sin irritarse, y aprender que estos cambiarán en algún momento.
¿Cómo se adquiere el control emocional? Haciendo las cosas de manera diferente a lo habitual, luchando contra el patrón o la tendencia básica de actuar como se ha actuado hasta ahora, y adoptando actitudes diferentes con la conciencia de que será mejor para el desarrollo personal. También cultivando la gratitud, acabando con los resentimientos, participando en trabajos filantrópicos voluntarios, interrumpiendo los pensamientos destructivos que surgen en la mente y eligiendo pensamientos más positivos.
«Nerviosismo» y «nervioso» son términos comunes que se utilizan para describir diferentes tipos de comportamiento. A veces se dice que una persona es nerviosa porque no se controla, es decir, tiene lo que llamamos «mal genio», o se dice que es nerviosa porque no logra mantener la calma en ciertas situaciones, y se pone ansiosa, inquieta e insegura. También se dice que alguien es «nervioso» cuando es una persona muy irritable y conflictiva. Otras personas comentan que son nerviosas porque tiemblan ante desafíos como un nuevo trabajo, una nueva relación, un viaje, sintiéndose incapaces de lidiar solas con la situación que, para ellas, es atemorizante.

Las personas consideradas nerviosas, sin autocontrol, pueden tener problemas de identidad psicológica, falta de seguridad interior y tal vez una estructura de personalidad frágil. No importa si heredaste esa tendencia a la falta de control, en parte por herencia genética, porque tu padre o tu madre eran nerviosos y copiaste el modelo de la persona influyente que te crió, o si te volviste así a raíz de algún evento estresante. La responsabilidad de cambiar es personal. Entonces, para madurar y adquirir un autocontrol saludable de los sentimientos, puedes intentar hacer lo siguiente:
- Acepta que la falta de control emocional existe y que es un problema tuyo. Acepta que tú mismo has traído esto a esta relación, ya sea conyugal, en el trabajo o en la comunidad religiosa de la que formas parte. Reflexiona y admite que esto ya existía antes en ti. Tu tendencia a perder el control emocional o a ponerte nervioso puede que provenga de tu pasado y tal vez haya empeorado en la relación actual, pero ya existía.
- Toma la decisión de detenerte a pensar, esforzándote por dejar de señalar a personas y circunstancias del pasado y del presente como culpables de tu nerviosismo y tu falta de control. Tienes que tomar esa decisión por ti mismo para que el resultado sea satisfactorio.
- Comprende y acepta que necesitas cambiar. Aceptar es mirar la realidad y ver que algunas cosas de ella no son agradables, ya sea la realidad dentro de ti o a tu alrededor, y no recurrir a lastimar a los demás ni a ti misma con tu falta de control emocional. Aceptar tiene que ver con dejar de luchar contra la realidad o fingir que no existe aquello que te molesta. Sí existe, pero ahora ya no vas a huir de ello, sino que vas a enfrentar el problema desde un nuevo ángulo, trabajando contigo mismo para controlarlo.
- Cultiva el deseo de cambiar, alimenta esa idea. Date cuenta de que el proceso de aprender a controlarte a ti mismo es como una escalera con varios escalones. El primer escalón es admitir que tienes ese problema. El segundo escalón es detenerte a pensar en tu tendencia a criticar a los demás o a tu pasado para justificar tu nerviosismo. El tercer peldaño es comprender y aceptar que necesita cambiar para mejorar sus relaciones. Y el cuarto escalón significa cultivar el deseo de cambiar, reflexionar mucho sobre ello y alimentar ese deseo.
- Prepárate para cambiar, es decir, decide actuar de manera diferente impulsado por un profundo deseo personal de cambiar tu forma de ser. Prepararse para cambiar es como decirte a ti mismo: «Ahora estoy listo para cambiar porque ya he subido los otros escalones; estoy en ese en el que, de aquí en adelante, puedo actuar de manera diferente y mejor».
Si te das cuenta de que por tu cuenta no logras avanzar en el cambio de tu comportamiento hacia algo mejor, busca ayuda en terapia psicológica individual o grupal. Un poco de orientación con un profesional puede realmente abrirte la mente y animarte a comportarte sin nerviosismo ni descontrol emocional. Es muy importante leer buenos libros sobre cómo adquirir autocontrol. Quizás algún conocido, pariente o amigo pueda recomendarte alguna lectura sobre este tema. Intenta asistir a alguna conferencia o seminario sobre cómo adquirir control emocional. Busca alguna institución en tu ciudad que ofrezca conferencias, o busca en Internet algún video educativo de base cristiana.

Para aprender a manejar sus emociones, pide a tus amigos y familiares que te den su opinión; es decir, pídeles que te digan cómo te comportas y ten la humildad de escuchar y el valor de aceptar lo que sea cierto de lo que te digan, utilizando los comentarios de esa persona como una fuente de cambio. Esto es muy importante, ya que no somos capaces de ver plenamente cómo actuamos en nuestras relaciones. Las personas pueden ver cosas en nosotros que nosotros mismos no vemos. Decide dejar de actuar de la misma manera. Utilizando tu pensamiento consciente, puedes, por ejemplo, decirte a ti mismo: «Ya no voy a actuar así». Entonces te muerdes la lengua, sales a dar un paseo, te das una ducha, cantas, oras, respiras profundamente, escribes; pero no te dejes llevar más por el nerviosismo.
Ten en cuenta que puedes elegir un nuevo comportamiento. Comprende y cree que tener emociones no es el problema; el reto es tenerlas sin dejar que te dominen, sin permitir que hagan daño a los demás ni a ti mismo. Si te relacionas con una persona que no controla sus emociones, ya sea en casa, en la escuela, en el trabajo o en la comunidad religiosa, piensa profundamente que tú no eres la causa de su falta de control; no puedes controlarlo ni curarlo. Es ella quien tiene que aprender a controlarse y asumir las consecuencias de su falta de control.
Y si tienes problemas para controlar tus emociones, no te desanimes. Puedes aprender a controlarte. Haz tu parte, como explicamos anteriormente, y Dios hará la suya, dándote fuerza, iluminación, discernimiento, humildad, sabiduría y serenidad. Pregúntale y Él te ayudará.

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