Las emociones tienen el poder de impulsarnos a hacer lo que hacemos en el día a día, influyendo en nuestra fisiología —es decir, en nuestro cuerpo— más de lo que creemos. Tratar de entender cómo actúan nuestras emociones en nosotros y en nuestras relaciones puede ayudarnos a tener una mejor salud mental.

En el libro titulado Descubriendo la psicología, Don y Sandra Hockenbury definen la emoción como un estado psicológico complejo que incluye tres componentes distintos: una experiencia subjetiva personal, una respuesta fisiológica y una respuesta conductual. En otras palabras, la emoción tiene que ver con una experiencia personal, una reacción en nuestro cuerpo y una manifestación en nuestro comportamiento.
En 1972, el psicólogo Paul Ekman sugirió que existen seis emociones básicas, universales en todas las culturas humanas: el miedo, el asco, la ira, la sorpresa, la alegría y la tristeza. En 1999, Ekman amplió su lista para incluir otras emociones básicas, como la incomodidad, la excitación, el desprecio, la vergüenza, el orgullo, la satisfacción y la diversión.
Pensemos ahora en esos tres componentes de las emociones que mencioné hace un momento.
En primer lugar, está la experiencia personal. Aunque los científicos del comportamiento creen que existen emociones básicas que experimentan las personas en todo el mundo, independientemente de su cultura y origen, también creen que experimentar una emoción puede ser algo muy personal.
Por ejemplo, la ira. Se trata de una emoción que las personas pueden experimentar de formas e intensidades diversas, desde un pequeña molestia hasta un arrebato de ira. También podemos estar de acuerdo en que no siempre experimentamos formas puras de cada emoción. Es común sentir emociones confusas ante diferentes eventos o situaciones en nuestras vidas.
Por ejemplo, al empezar un nuevo trabajo, puedes sentirte emocionado y nervioso al mismo tiempo. Otro ejemplo: cuando te vas a casar, eso puede generar desde alegría hasta ansiedad. Y estas emociones pueden ocurrir al mismo tiempo o puedes sentirlas una tras otra.
El segundo componente de la emoción es la respuesta fisiológica. Nuestro cuerpo siempre responde, en alguna parte, a lo que sentimos. Seguro que alguna vez te han temblado las manos al ir a una entrevista de trabajo, ¿no? O tal vez has sentido la piel un poco caliente y enrojecida cuando tuviste que presentar un trabajo en la universidad. O bien, tu corazón se aceleró con taquicardia al sentir miedo.
La Dra. Daiana Fosha, psicóloga con doctorado de la Universidad de Adelphi, en Nueva York, afirma en uno de sus libros que cada emoción tiene un componente visceral; es decir, alguna parte del cuerpo que responde, que se expresa, que se manifiesta. Muchas de las reacciones corporales que experimentas al sentir una emoción, como las palmas sudorosas o los latidos cardíacos acelerados, son reguladas por el sistema nervioso simpático, que es una rama del sistema nervioso autónomo. Este, a su vez, controla las respuestas involuntarias del cuerpo, como el flujo sanguíneo y la digestión.
El tercer componente de la emoción es la respuesta conductual, es decir, cómo expresas la emoción. Por lo general, expresamos una emoción a través del lenguaje corporal. Por ejemplo, si estás nervioso, puedes terminar dando pequeños golpecitos con el pie en el suelo sin darte cuenta. En momentos de mucha ansiedad, algunas personas aprietan las manos con fuerza y no se dan cuenta.

¿Has oído hablar de la inteligencia emocional? Es diferente de la inteligencia racional. Quien desarrolla la inteligencia emocional, entre otras cosas, aprende a percibir sus propias emociones y las de los demás. Esto ayuda mucho en las relaciones. Es importante porque, para lograr una buena relación, necesitamos ser sensibles y perceptivos ante lo que sentimos y lo que sienten los demás.
Una persona malhumorada o autoritaria, por lo general, no le da importancia a lo que sienten los demás. Por eso, le resulta más difícil hacer amigos, ya que las personas se sienten agredidas y terminan alejándose.
¿Cuál es la diferencia entre afecto, emoción y sentimiento?
El afecto es algo más genérico, que incluye todo lo que sentimos. Nacemos con la capacidad de sentir, y no solo de pensar. La afectividad tiene que ver con nuestra capacidad de experimentar emociones y sentimientos. Cuando decimos que una persona tiene afecto, estamos afirmando que tiene la capacidad de amar, de ser amada, de ser agresiva, de ser serena, de ser molesta o de ser agradable.
La emoción es la expresión sentimental dirigida hacia una persona u objeto. Muchas emociones del pasado pueden permanecer vivas en nuestra mente, y pueden ser agradables o desagradables: de alegría o de angustia, de seguridad o de miedo, de amor o de odio. Las personas perciben nuestras emociones: son automáticas y, por lo general, surgen del inconsciente. Por lo general, no son duraderas. Por eso, el amor maduro no es una emoción: implica emoción y sentimiento, pero es más que eso. Cuando amas a una persona, no sientes exactamente la misma emoción o el mismo sentimiento todo el tiempo.
¿Y qué hay de los sentimientos? Los sentimientos parecen ser algo privado; es decir, uno siente algo, pero es posible que los demás no sepan de qué se trata, a menos que uno lo exprese. Los sentimientos son internos, más privados, pueden ser más duraderos y menos intensos que las emociones, y no tienen por qué estar vinculados a algo inmediato.
En lo que respecta a las emociones y los sentimientos, no olvidemos que la salud mental tiene mucho que ver con tener emociones, sin dejar que ellas nos dominen. ¡Piénsalo!

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